Adega Miguel Araújo

Miguel Araújo tras licenciarse en Farmacia y ser empleado en muchas de ellas, llegó a tener una. Estaba en Santiago de Compostela y le aseguraba una vida tranquila y cómoda. Tenía 38 años, una novia de la que ya sabía que no iba a separarse, Elena, y una fuente fija de ingresos, pero decidió dar un cambio a su vida queria vivir del campo, quería hacer vino. Vendió la farmacia que le aseguraba un sueldo de por vida y un horario y se fue a Jerez a estudiar Enología y posteriormente se fue de Erasmus a Burdeos. A su vuelta todavía pensaba que montar una bodega era más caro de lo que realmente es. Al menos, estaba dispuesto a dedicarse a ella en cuerpo y alma. Tomó la decisión mientras paseaba con Elena por el Camiño da Serpe (son vecinos de Pepe Vieira). Fue una revelación tan clara que cambió su vida, la de los dos, y se ganó una marca propia de vino. La primera, el emblema de la Adega Miguel Araújo, es Mamá Pastora. Además de a Miguel, crió a otros nueve hijos tras la muerte de su marido. Para todos ellos es más que una institución. Por eso ella se llevó la primera botella. Tras recorrer durante año y medio todas las parroquias con viñedos de Ribeiro o Ribeira Sacra encontró la casa ideal por Internet. El resto es presente. Son sus viños espidos, sin correcciones; son los fungicidas solo de contacto (azufre y cobre) y no sistémicos lo que le llevó a perder el 60 % de su producción el año pasado; y es su nueva vida. La filosofía de Adega Miguel Araújo es intervenir lo menos posible en el proceso. Con una sola cosecha (1.700 botellas de Mamá Pastora, 2.200 de Serpe y el Gábea, tinto, aún en barrica), ya está en dos estrellas Michelin Culler de Pau y Árbore da Veira, y hay un tercero interesado, además de Japón.

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